Pisando terreno común

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Julia y Jonatan se conocieron porque una empresa metalúrgica decidió echar a un grupo de trabajadores organizados por el trotskismo.

Ella habrá tenido unos veintipico, él unos cuarenta y tantos. Ella vivía y militaba en Rosario, donde la empresa en cuestión estaba ubicada. Él, después de haber vivido en varias ciudades, estaba instalado en Pacheco, ese bodoque hecho de industrias, jardines y panamericana.

La cuestión es que días después de anunciados los despidos, Jonatan partía rumbo a Rosario, a bordo de un auto destartalado. El conflicto era muy importante.

No sé en qué lugar físico se conocieron, nunca se los pregunté. Me imagino que fue en una reunión, en el local del partido. Tampoco sé si se atrajeron inmediatamente, aunque supongo que sí, era difícil que no sucediera. La cosa es que compartieron una serie de pequeños triunfos, arrancados en una autopista, un piquete, un discurso, un minuto de televisión, un mes de insomnio y un viaje al día por la madrugada.  Compartieron una serie de pequeños triunfos y una derrota.

Marcada por esta llaga, la relación fue eso: una lucha contra el tiempo. Cada cual tenía responsabilidades en sus respectivas ciudades. Más bien, cada cuál sentía una pasión disciplinada por la batalla que le tocaba jugar. No hubiesen podido enamorarse sin pisar ese common ground. No hubiesen podido lanzarse al amor preciso y precipitado sin esos 400km que los separaban y, a su vez, tensaban el lazo que los unía.

Si las cosas no eran ya difíciles, al poco tiempo se abría otro conflicto, esta vez en las cercanías de Pacheco, en la industria automotriz. Esto agravó aún más la distancia y, contradictoriamente, sumó a los anaqueles de triunfos y derrotas que ellos compartieron en la intimidad.

Diariamente se buscaban por teléfono, en charlas prolongadas que aprovechaban para reflexionar sobre ellos, sobre la política, sobre cada uno, sobre la familia, sobre lo que fuera. De estas mismas reflexiones surgían dadivosamente las peleas, los desencuentros, las discordias, la reacción exagerada o displicente. La relación completa podía llegar a sonar caótica, imposible, hasta que emergía como puño ordenador la posibilidad de verse, un sábado, un domingo, una tarde de viernes, aunque hubiera que manejar después de una larga jornada, aunque hubiera que lanzarse a la ruta después de un escaso dormir.

Como nada de lo humano es ajeno, también hubo enfermedad y muerte. Y, por esas cosas que éstas dos tienen, Julia y Jonatan casi rompen. No sé, empíricamente, como lo remontaron. No sé qué dijo él ni qué contestó ella. Yo creo que, en algún punto, lograron hacer de los triunfos y las derrotas la forma de existencia del amor, al menos, entre los que combaten.

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